Carlos Larraín lo hizo de
nuevo. Antes había encabezado la estrategia de promoción de Los Archivos del
Cardenal, en una actitud censora que terminó siendo un boomerang para sus propios
objetivos.
Ahora, nos sorprende con la frase “no nos doblaran la mano una manga de inútiles subversivos” que, sin embargo, revela exactamente lo que una parte mayoritaria de la derecha piensa de las opciones que no son las suyas y lo que piensa de quienes no piensan como ellos.
Es inútil el debate por la igualdad, son inútiles las estrategias de prevención en la seguridad (solo vale el control, sin resultados), es subversivo marchar por la Alameda, es subversivo expresar ideas tan arraigadas en la conciencia democrática como pensar en una Constitución que sea el acuerdo de todos. En fin, es inútil y subversivo todo lo distinto.
Para esa derecha el orden es lo sagrado, un orden conservador naturalizado que no admite diversidad, que es solo contención.
NO. Ni los estudiantes, ni quienes protestan, ni quienes reivindican, son “una manga de inútiles subversivos”. Son un presente esperanzador, muy lejos del pasado oscuro y decadente que representan los dichos de Larraín.
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Lo que diga Larrain no vale ni siquiera la pena comentarlo, es una pobre ave