Sin duda, los medios de comunicación son la arena política de este tiempo. A través de ellos, los líderes políticos comunican a la ciudadanía sus mensajes, con una rápidez e instantaneidad que no tenían los viejos mitínes políticos.
Sin embargo, esta fascinación de los primeros tiempos de la democracia ha dado lugar a muchas interrogantes, como la verdadera efectividad de las miles de denuncias hechas por dirigentes políticos y parlamentarios cada año, el seguimiento a los casos sociales que presentan cada cierto tiempo en televisión o la producción legislativa que tiene cada uno, tanto en calidad como en cantidad. Este último, sin duda, es un mejor indicador y de más calidad que la mera asistencia a las sesiones.
Por ello, la experiencia mediática de un parlamentario debe ser cotejada con la experiencia personal y con su labor en el distrito al que representa.
Si no, pasa que un parlamentario que ha estado tres años "en sueño" vuelve al cuarto cuando le corresponde elección, toma un par de temas de alta exposición pública y "ya está".
Una mejor democracia debe servir para evaluar a los parlamentarios en la totalidad de su función pública, al final, para eso los eligen y para eso les pagan.



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