DISTRITO 24

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Un pacto necesario (Publicado en www.lanacion.cl)

Enviado por Rene Jofre el 21/06/2009 a las 1:58

“La reciente encuesta CEP ha demostrado que las fuerzas llamadas progresistas constituyen una mayoría ciudadana contundente que podría llegar a posibilitar que el pacto termine en un gran acuerdo contra la exclusión, generando condiciones, paradojalmente a 20 años del retorno a la democracia, de tener un Parlamento para la reforma”.

En la primera elección parlamentaria después del retorno a la democracia, en 1993, la Concertación de Partidos por la Democracia, eligió 70  diputados de los 120 candidatos que fueron en su lista, obteniendo el 55,4% de los votos. La Unión por el Progreso de Chile que representó a la oposición de derecha eligió 50 de los 120 candidatos que presentó, con el 36,68% de los votos. La Alternativa Democrática de Izquierda presentó 92 candidaturas, no resultando electo ninguno de ellos, obtuvo el 6,40% de los votos.

Un distrito emblemático. –

Ese mismo año, en el distrito 28, correspondiente a las comunas de San Miguel, Pedro Aguirre Cerda y Lo Espejo, los dos candidatos de la coalición de gobierno obtuvieron 50% y fracción de los votos,  las fuerzas agrupadas en el  PC y su entorno obtuvieron 14, 86% de los votos entre sus dos candidatos. La derecha alcanzó con sus dos competidores un 32,41%.

Si la aritmética funcionará en política, las dos listas que representaban a las fuerzas de centroizquierda e izquierda de haber ido juntas habrían sumado lo suficiente (65,14%) para doblar a la lista de derecha y, así, elegir los dos parlamentarios del distrito.

En la elección siguiente, ocurrió prácticamente lo mismo, entre la Concertación y la izquierda, esta vez con 3 candidatos y no 4, sumaron 64,21%, la derecha bajó a 30,61 y volvió a elegir un diputado.

Solo en 2001, la derecha alcanzó a bordear los 40 puntos y, en el esquema del actual binominal, habría sido imposible para otra lista doblarlos.

En 2005, se volvió a repetir lo de los años 93 y 97, con el agravante que esta vez los porcentajes de las fuerzas de la Concertación y el Juntos Podemos llegaron a sumar 67,22% que, de haber ido en lista común, habría elegido dos diputados.

Claro, todo esto, si la aritmética y la política fueran ciencias hermanas, lo que no es. Sin embargo, en elecciones parlamentarias y en distritos urbanos con tradición política como es el caso, la supuesta  volatilidad del voto no es tal. Es decir, sorprendentemente, como prueba el ejercicio anterior, los montos de votación varían poco de una elección a otra.

Con el llamado “Pacto contra la exclusión” dicha anomalía, es decir, que un sector minoritario desde el punto de vista social y cultural elija un diputado en desmedro de las fuerzas sociales de mayoría, podría corregirse. Jorge Insunza y Guillermo Teillier pueden obtener un doblaje histórico que confirme lo que ocurre a nivel municipal: un alcalde socialista, una alcaldesa comunista y un alcalde democratacristiano gobiernan el ámbito local.

 

Eso mismo puede ocurrir, con distintas variantes en otros distritos del país. En Constitución, por ejemplo, la diferencia la pueden hacer los candidatos. Efectivamente, la fortaleza creciente de la dupla concertacionista sumada al PC  podría, eventualmente, lograr el doblaje que ya estuvo cerca el 2005 (66,2%) y que en 2001, mal año para la concertación en números electorales, también rondó el 60%. Esta vez uno de los candidatos (Celedón) va por el Pacto Juntos Podemos.

En otros lugares, la izquierda del Juntos Podemos se omitirá a favor de los candidatos de la Concertación, posibilitando doblajes.

Resguardos y alianzas. –

Dado este escenario, en apariencia, auspicioso, ¿Existen otros factores que podrían hacerlo variar?

En principio sí.

Algunos aspectos a tener en cuenta:

1.      ¿Cuál será el comportamiento de segmentos del electorado democratacristiano allí donde no lleva representantes? Hasta ahora, los argumentos de la Alianza, que parecen ser sacados de un manual de la “Guerra Fría”, apuntan a la incompatibilidad ideológica, asunto sospechoso proviniendo de un sector que ha hecho del llamado “Fin de la Historia” y Fukuyama uno de sus guiones preferidos. Más allá de ese interesado análisis, este es un factor que habrá que evaluar caso a caso.

 

2.      Del mismo modo, debiera ser una interrogante la forma como se comportará el electorado que adhiere a Juntos Podemos allí donde este conglomerado no lleva candidato. Acá, las dudas no son un corrimiento a la derecha por cierto, sino a los segmentos más rebeldes e inconformistas de esos votantes.

 

3.      Un tercer aspecto está referido al comportamiento electoral de aquellas listas provenientes de las denominadas “candidaturas alternativas”, parece ser un hecho que tanto el PRI como los adherentes a Marco Enríquez tendrán candidatos y habrá que ponderar el factor humanista. Sin embargo, respecto de esto, dirigentes del PC,  han señalado conversaciones mutuas respecto a “no interferir en las posibilidades de éxito del acuerdo”.

 

4.      Otro aspecto en juego será la necesidad de la concertación de experimentar, aún solo en alguna medida, la necesidad de un recambio, instalando candidaturas parlamentarias que emulen el éxito municipal de, entre otros, Orrego, Undurraga, Echeverría y Gajardo, representantes sin duda de la renovación de la plantilla concertacionista en las pasadas municipales.

 

5.      Finalmente, la reciente Encuesta CEP ha demostrado que las fuerzas llamadas progresistas constituyen una mayoría ciudadana contundente que podría llegar a posibilitar (soñar no cuesta nada) que el Pacto termine en un gran acuerdo contra la exclusión, generando condiciones, paradojalmente a 20 años del retorno a la democracia, de tener un parlamento para la reforma.

 

  

 

 

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