El éxito de telenovelas como “Alguien te mira” o “¿Dónde está Elisa?” demuestran la distancia entre una cultura ciudadana, de masas, cotidiana, y una cultura elitista, seudo aristocrática, de varios de nuestros líderes políticos
Lo valórico es un concepto equívoco. Tanto, como para que algunos le den connotaciones morales o éticas a problemas que son sociales o ciudadanos, a situaciones que son del diario vivir, pero parte del mundo de la política encuentra exógenas a sí.
El éxito de telenovelas como “Alguien te mira” o “¿Dónde está Elisa?”, donde varias de estas situaciones se muestran sin más, con toda la carga emocional que conllevan, obviamente enmarcadas en un formato televisivo, demuestran la distancia entre una cultura ciudadana, de masas, cotidiana, y una cultura elitista, seudo aristocrática de varios de nuestros líderes políticos.
Asumir cada una de esas situaciones es asumir lo que no queremos ver ni oír, pero que está ahí, en la vida de cada uno.
A menos que la política se haya convertido en un estanco que no tiene límites con el país real, o con el país que emerge, a veces, pareciera que así es.
Parejas del mismo sexo necesitan un marco legal que regule la vida en común; parejas de distinto sexo que no han optado por el matrimonio, lo mismo; como situaciones de embarazo adolescente necesitan tener las opciones médicas disponibles para casos de emergencia.
Ninguno de estos problemas es más valórico que social, están ahí al lado de cada uno de nosotros, son parte de nuestra vida en común. Son situaciones que emergen explicados desde factores sicosociales diversos, que muchas veces cambian el rumbo de la vida.
Por otra parte, problemas sociales como la cesantía, el abuso laboral, la pobreza, debieran ser parte de lo denominado valórico, porque no tienen una connotación menor que las situaciones anteriores en esa materia.
A veces, el progresismo, la centroizquierda, o como se llame lo que representa el campo de la libertad y la igualdad en nuestro país, parece capturado por el lenguaje de las opciones conservadoras y las sigue, sin detenerse a una reflexión crítica.
Cuando se miran desde la óptica conservadora y represiva, los problemas que atañen a la convivencia, al cuerpo, a la vida humana podrían considerarse como “problemas valóricos”.
Pero cuando se miran desde una óptica cotidiana, de vida en común, se les puede ver como situaciones difíciles, complejas, pero humanas, profundamente humanas, cuyos protagonistas requieren una sociedad que les dé garantías, como a ciudadanos libres e iguales, en dignidad y derechos



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