Por René Jofré y Alejandro Fuhrer
La plaza pública de antaño, lugar de encuentro, gentío y disolución, ha sido reemplazada por la intimidad del hogar: de por sí entendido como el espacio de la familia, también el espacio de la TV.
¿Qué es la TV? ¿Un medio de comunicación? ¿Un instrumento de manipulación? ¿La caja idiotizante de la que muchos hablan? En nuestros días la “tele” es principalmente un vínculo social de millones de compatriotas que, de otra manera, no tendrían la oportunidad de compartir una misma información o incluso más, una misma emoción.
Los hogares chilenos a eso de las 21 horas se conectan con lo que ocurre más allá de su vivienda y aun más allá de su barrio o comuna. El país y el mundo son las coordenadas que se abren para informarse mientras las familias comparten la once o la cena.
Es importante “salir en la tele”. Miles de conversaciones diarias se originan en la programación que ofrece el medio televisivo. Los noticiarios muy temprano y luego los matinales continúan la saga de la información y la entretención en una jornada donde el televisor no se apagará jamás. Permanecerá prendido las mismas horas que un ser humano permanece despierto.
La resignificación de la política, en su dimensión de visibilidad, trae oportunidades de comunicación para los líderes públicos, pero al mismo tiempo, muestra de ellos una posición relativa fragilizada, al estar expuestos continuamente a evaluación de los medios y, a través de ellos, de los ciudadanos.
En la primera vuelta presidencial, los candidatos a la Presidencia de la República y los aspirantes al Parlamento tuvieron la oportunidad de “salir en la tele” en una franja electoral enteramente gratuita y en distintos horarios.
En esta segunda vuelta, serán solamente dos candidatos los que capturarán la atención del “gran público” televisivo. Ello ocurrirá principalmente a través de los noticiarios diarios y la franja electoral que retornó ayer. Millones de chilenas y chilenos pondrán mucha o algo de atención a lo que allí ocurra, a los mensajes de cada aspirante a La Moneda y a sus más sorprendentes y novedosas promesas.
¿Sabrá uno de los candidatos construir un mensaje que se quede en la retina del elector-audiencia? ¿Quién logrará emocionar de manera auténtica con sus ideas y argumentos? ¿Quién estrenará una forma creativa e inolvidable de comunicar una promesa? En definitiva, ¿cuál de ellos ocupará más profesional y estratégicamente la oportunidad única de comunicarse instantáneamente con millones de electores a lo largo y ancho del país?
Salir en la tele es demasiado bueno como para no preparar la mejor estrategia y elaborar los más seductores mensajes. Los escasos minutos en TV deben servir sobre todo para emocionar con una imagen, porque eso es lo que el medio televisivo sabe hacer mejor, unir en un visionado que es privado una experiencia común en miles de hogares de nuestro país. Eso de que la imagen vale por mil palabras cobra mucho sentido a la hora de imaginar un mensaje seductor para las masivas audiencias.
La elección se definirá en las grandes urbes (Concepción, Santiago, Valparaíso). Por lo tanto, se jugará en el terreno de la comunicación. En esa arena se juegan los dilemas electorales: en el territorio de lo audiovisual y en el territorio de la virtualidad a través de redes sociales que diseminan el mensaje en los públicos más interesados.
Por ello, los mensajes del candidato, su impacto en la agenda de los medios, la franja televisiva, el debate, las redes sociales, más la creatividad e innovación de una campaña, marcarán el rumbo definitivo del ganador. 15 días no es poco ni mucho. En la TV, es un tiempo más que suficiente para ganar o perder una elección





He leído con atención su columna, creo bastante probable que la televisión es un espacio individual de entretención, podemos estar en compañía, pero la sensibilidad y las percepciones son individuales. Ahora bien, es probable que en los hogares clase media y alta, lo que señalan sea una realidad relativa, pero donde creo que la cosa no funciona es en los hogares de menores ingresos. Es muy poco probable que a eso de las 21 horas la gente de hogares de escasos recursos se encuentren asistiendo a algún programa de televisión. Frecuentemente lo que he observado es que las casas y departamentos en los cuales habitan, son tan pequeños, que por lo general toda vez que llega el adulto/a que manda, los niños/as y jóvenes pierden ese espacio, y por lo general salen a la calle, lugar de encuentro de una diversidad, que en muchas poblaciones se transforma en una realidad bastante macabra.
El escrito de ustedes es bastante condecendiente con esa realidad, casi santurrón, y que no se hace cargo de ese problema, detectado por bastantes especialistas que a esas horas solíamos trabajar en las poblaciones, y que por cierto, no veíamos televisión con nuestras familias.
Creo que uno de los grandes errores cometidos en estos años es que se pensó que con más participación y habilitación de espacios, el problema se solucionaría, y que las cosas puestas en esa perspectiva se reducirián a un problema de lucas. Es decir, fomentar la participación ciudadana, pero controlada por el eufemismo del concurso de proyectos. Así las cosas, miles de personas se dieron la tarea de crear organizaciones o participar de ellas, con la estrategía de conseguir parte del botín, que en definitiva cumplió con los objetivos y metas de los términos de referencia de cada fondo concursable, pero que poco o nada aportó a una real solución de problemas vecinales.
Las personas ven televisión, pero la televisión no es lucida, es ludica, y es necio pensar que su aporte a fomentar una visión critica de las cosas sea uno de sus objetivos. Es aún más necio pensar que no responde a objetivos elitistas.
Lo que me deja como reflexión su artículo, es la gran capacidad de montar un reality show por parte de la candidatura de Marco, pero que en ningún caso inclinó la balanza electoral a su favor. Más bien pienso, que se fuerza el argumento, para ocultar la cruda realidad, de que la militancia del PS y el PPD votaron por Marco, en desmedro de Frei. El grave problema, ahora es como revertir ante la perdida del candidato de izquierda concertacionista (no declarado por cierto), en sus intervenciones en varias ocasiones señaló que las verdaderas primarias serían el 13 de diciembre (y perdió), en verdad creo que, si en algo contribuyó el reality de Marco, es que justamente parte de ese 20%, hablemos de un 6%, justamente creyó en sus palabras, y el horizonte de la esos teleespectadores, será anular su voto.
Esta campaña no la gana la derecha, sencillamente la pierde la concertación por sus incoherencias internas, y la fracción de un PS que revienta y un PPD que declaró en múltiples ocasiones por medios televisivos que el candidato oficialista estaba mal.
Por más intentos que hubo de subir como la espuma a Marco, no hubo caso, el electorado no sólo vé televisión. Vive la realidad que golpea muchas veces las puertas de su casa, y tiene principios y valores que van más allá de un simple spot.