DISTRITO 24

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OTRA OPOSICIÓN EN DEMOCRACIA. -

Enviado por Rene Jofre el 09/10/2011 a las 9:37

Publicado en La Tercera del día 6 de octubre de 2011 (www.latercera.com)

La lectura planteada por Mariana Aylwin en una columna publicada en La Tercera el fin de semana pasado, acerca de que los dirigentes de partido o parlamentarios de la Concertación habrían claudicado de su condición de tales, siguiendo al movimiento social, no es una buena tesis.

Primero, porque relativiza la historia. Las expresiones sociales son parte de la vida política y han convivido con las fuerzas de centroizquierda desde siempre. Véanse las historias del Partido Radical, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, por nombrar algunos. Dicha realidad no ha hecho otra cosa que multiplicarse en cada período. La movilización social es uno de los canales para expresar demandas, para hacer sentir la voz de los ciudadanos y también para hacer política. Esta vez, ha mostrado que no pensamos todos de la misma forma, que hay debates pendientes, que algunas cosas que se diseñaron para consensuar nuestra estabilidad y que, probablemente, servían para ese momento, ya no son útiles y hay que buscar nuevos modos de convivencia.

Segundo, porque no entiende la necesidad del cambio ante un nuevo ciclo político. Una transformación que amerita la necesidad de que coaliciones, fuerzas políticas y dirigentes se actualicen. Chile no es el de hace 20 años. Otra política es la que hace falta y para ello otra forma de hacer oposición. Una que encuentre los acuerdos con el gobierno a partir de las diferencias, no amortiguándolas. Una oposición que logre alinear los acuerdos con la realidad y no torcer la realidad para hacerla calzar en los acuerdos, como fue el método predominante en el ciclo político que terminó. Que actúe en un congreso representativo, donde la mayoría y las minorías tengan su espacio y donde se vote sin amarres institucionales predefinidos para favorecer un sector. Esto no es izquierdismo, es un mínimo que se encuentra en democracias sólidas y desarrolladas y que en Chile no lo tenemos de forma plena.

Ya no son necesarios los amarres de la transición, las herencias no deseadas del entramado legal que elaboró la dictadura. Y ahí concuerdo, son necesarias las reformas políticas. Partiendo por el fin de las súper mayorías. Aquellos quórum elevadísimos para no dejar espacio al cambio en temas cruciales. Luego, el binominal que fuerza la realidad del sistema político, debiera dejar paso a un sistema electoral representativo.

Tercero, la idea de un cierto inmovilismo político deja de lado la necesaria dinámica que adquiere el debate sobre temas que no estaban en la agenda. Ni las reformas políticas como hoy se piensan, ni hasta dónde ha llegado el tema educativo son fruto de ideas nacidas de liderazgos políticos. Son parte del hartazgo con un modo de hacer las cosas. Esto debería llevar a los partidos a ser innovadores y no a conformarse con lo que hay. Para ello es necesario un entendimiento entre el centro y la izquierda. No para frenar los cambios, sino para impulsarlos y darles cauce institucional. No es un debate sobre las formas burocráticas que adquiere el entendimiento, sino sobre un proyecto en que se cimiente una política para este nuevo ciclo.

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